Pocas enfermedades han crecido tanto en la población mundial en las últimas décadas como la celiaquía. De hecho ya se calcula que al menos el 1 % de la población española la padece y se ha convertido en poco tiempo en uno de los padecimientos intestinales crónicos más frecuentes. Al aumento de estas cifras también ha contribuido una mayor concienciación social de sobre la enfermedad, que está llevando a más personas a hacerse los análisis necesarios para detectarla. Aún así todavía hay mucha gente que la padece sin tenerla diagnosticada por ser sus síntomas muy diversos y fácilmente confundibles con los de otras patologías.

Para aquellos que no saben si son celiacos pero sufren de pérdida de apetito y peso, o padecen frecuentes episodios de diarrea e hinchazón abdominal, no les vendría mal someterse a los análisis pertinentes para salir de dudas. Otros posibles síntomas a tener en cuenta serían:

  • Cansancio crónico
  • Episodios de anemia
  • Osteoporosis precoz en adultos
  • Alteraciones de la conducta
  • Retraso del crecimiento (en niños)

 

glutenfree2Además, para la detección de esta enfermedad, hay que tener muy en cuenta su predisposición genética, así que rastreando nuestro árbol genealógico, por si existe algún miembro de nuestra familia que la padece, podremos añadir o descartar pistas. Por fortuna, ser celiacos en la actualidad en mucho menos complicado que hace unos años gracias a los enormes avances de una industria alimentaría cada vez más comprometida con una alimentación saludable. Las marcas y productos sin gluten se multiplican, en un mercado en el que prescindir de alimentos que contengan trigo, cebada, centeno, avena y otros parientes cercanos del trigo resulta trabajoso pero es una cuestión de aprender y educarse en el tema (y estar ir conociendo todos los productos en los que lo suelen incluir).

La dificultad evidentemente no está en evitar estos cereales, si no en el continuo control al que hay que someter cualquier alimento procesado que compremos debido al extendido uso del gluten como aditivo y a la contaminación indirecta que sufren muchos productos libres de gluten en su proceso de elaboración o envasado. La clave está en mirar SIEMPRE la etiqueta que debe avisarnos de si lleva gluten.

Aires de esperanza

Cualquier persona aquejada de celiaquía que se acerque a un médico en busca de tratamiento va a recibir la misma respuesta: debe eliminar de su dieta cualquier producto con gluten. Bueno pues parece que a esta idea tan arraigada en la medicina convencional le quedan los días contados. O al menos eso es lo que predicen los nuevos hallazgos de varias universidades de diferentes rincones del planeta. Hallazgos que nos dan la posibilidad de imaginarnos un futuro en el que aquellos aquejados de intolerancia al gluten puedan comer trigo sin ningún efecto secundario. Uno de los estudios más importantes llevado a cabo por la Universidad Americana de Maryland parte del descubrimiento hace unos años de los altos niveles que los celiacos poseen de una proteína llamada “zonulina”. Esta proteína en circunstancias normales regularía la entrada en nuestro intestino de ciertas sustancias ensanchando el espacio de las células lo suficiente para que enteren los nutrientes y se queden afuera las toxinas y bacterias. El problema en el caso de los celiacos es que sus altos niveles de zonulina, dejan pasar además de a las sustancias “buenas”, a la proteína del gluten y otros alergénicos que inmediatamente son atacados por los anticuerpos de nuestro sistema inmune creando los tan molestos trastornos que caracterizan a esta enfermedad. Pero más preocupante que sus síntomas son las consecuencias para nuestro cuerpo y es que en estado activa esta enfermedad impide la correcta absorción de los nutrientes que ingerimos fomentando la aparición de otras patologías más serias. Una vez que los investigadores han empezado a tener claro el funcionamiento de la zonulina, el siguiente paso era intentar sintetizar en laboratorio una sustancia que fuese capaz de inhibirla o incluso bloquearla. Este tratamiento, que se administraría por vía oral, ya está en proceso de testeo y en cuanto se confirme su grado de eficacia estará lista para salir al mercado y cambiarle la vida a millones de celiacos.

pan sin gluten La otra posibilidad en la lucha contra esta enfermedad se está desarrollando en una Universidad Holandesa y pasa por inactivar el gluten a través de suplementos alimenticios. La idea parte del descubrimiento de una enzima llamada “laprolyl endoproteasa” que se encuentra en un hongo que es capaz de degradar el gluten en el estómago antes de que llegue al intestino delgado y empiece a causar problemas. La posibilidad de una enzima capaz de degradar artificialmente al gluten no es nueva pero siempre se topaba con el mismo problema: la lentitud para hacer su trabajo y un entorno demasiado ácido dentro del intestino que la destruía antes de que ejerciese su labor. Pero ya se está trabajando con un nuevo prototipo de enzima llamada AN-PEP, a la que no le afectan los medios ácidos y es capaz de desintegrar el gluten en poquísimo tiempo convirtiéndolo en inocuo para los estómagos de los celiacos. Las pruebas se han comenzado a realizarse directamente en humanos y son varias las industrias farmacéuticas y universidades que se están apresurando en ser los primeros en sacar adelante este medicamento. En la cabeza de esta peculiar carrera anda la Universidad de Sevilla que en colaboración con la Universidad de Stanford intenta desarrollar una pastilla de enzimas que ingeridas antes de consumir alimentos con gluten, ayudarían a descomponer sus péptidos tóxicos. Por supuesto de momento no valdría para un consumo normalizado de productos con gluten como se pretende con la vacuna para inducir la tolerancia, pero es un comienzo prometedor para la futura erradicación de esta enfermedad.

 

Share This