El jengibre ha tenido, a lo largo de la historia de la gastronomía, un papel esencial en la elaboración de todo tipo de platos, bebidas o repostería.  Además esta raíz ha sido considerada por muchas culturas milenarias como un medicamento “todoterreno” que estaba presente en el tratamiento de gran parte de las dolencias más comunes de nuestro tiempo. Por esto y por su capacidad de aumentar la temperatura corporal y reforzar nuestras defensas, cuando llegan los meses de más frío, el jengibre se merece un pequeño homenaje.

 

Genjibre frescoEl medicamento “universal”

Tanto la medicina ayurvédica como la india han utilizado jengibre durante siglos por su capacidad de mejorar las digestiones pesadas, descongestionar las vías respiratorias o ejercer de suave depurativo. También se ha venido usando con mucho éxito para mitigar mareos y nauseas, sobre todo los causados por los transportes marítimos que suelen ser los más movidos. De hecho, aquellos que se mareen con el movimiento deberían llevar un trocito de jengibre fresco para masticar antes de subirse a un coche, autobús o cualquier medio de transporte. Del mismo modo las embarazadas se pueden beneficiar de este ingrediente para vencer las nauseas de los primeros meses.  Pero esta raíz también destaca por otras cosas: es febrífuga, anticancerígena, antirreumática, cardiotónica y estimulante de los jugos gástricos.  Y según apuntan muchos estudios, tomando una infusión al día de jengibre (junto con una dieta equilibrada) estaremos reduciríamos en poco tiempo nuestros niveles de colesterol “malo” y triglicéridos.

 

Recuadro nutricional: Raíz de jengibre fresca (10 g) 

 

ELEMENTO CONTENIDO % CDR
Calorías 7
Fibra 0,2 g 0,7
Vitamina C 0,5 mg 0,6
Vitamina B6 0,02 mg 0,8
Fósforo    2,7  mg 0,4
Potasio 41,5 g 1,3
Magnesio 4,3  mg 1,3
Manganeso 0,02 mg 1,1

 

4 sabores en uno

 
Con su personalidad rica en contrastes, el jengibre nos va a asegurar sin duda un montón de éxitos en nuestra cocina diaria aunque siempre usándolo con mesura por su intenso aroma. El truco es introducirlo poco a poco en nuestros platos hasta dar con la cantidad deseada. Entre sus matices encontraremos notas dulces, agrias, amargas y picantes (aunque estas últimas se suavizarán cuanto más tiempo lleve de cocinado).

Y no me quiero olvidar de mencionar su capacidad bactericida y conservante. Añadir jengibre a nuestros marinados, adobos o salsas no sólo enriquecerá su sabor: nos asegurara que nos aguante mejor y más tiempo.

Para postres, combina especialmente bien con zanahoria y ponerle un toque de jengibre a nuestras mermeladas les va a dar un punto delicioso y las va a transformar en terapéuticas.

 

Un ingrediente versátil

 
En en el mercado bio tenemos infinidad de formatos en los que podemos comprar el jengibre y usarlo después en nuestra cocina diaria, pero cada uno tiene una personalidad y fuerza diferente. Lo podemos usar fresco (raíz), seco y en trozo (para mezclas de infusión), en polvo (para repostería), confitado (como snack) o aceite esencial (para potenciar el sabor en platos o usos terapéuticos). Mi favorito es sin duda el fresco que es el que está lleno de vida y fuerza pero no viene mal tener los otros formatos en la cocina para otros usos o emergencias si se nos acaba el fresco. Pero para que esto no nos pase, una de las mejores formas de conservar las raíces frescas si hemos comprado mucho es congelando una parte (dentro de una bolsita zip o en un mini tupper porque si no se va a resecar y escarchar). Después sólo tendremos que rallar rápidamente lo que vayamos a necesitar  de  la raíz congelada sin necesidad de descongelarla. Al jengibre seco sólo hay que meterlo en un recipiente hermético y en una zona fresca y libre de humedad, teniendo en cuenta que aunque nos puede durar varios años en este formato con el paso de los meses va ir perdiendo fuerza y aromas.

 

¿Una receta fácil con Jengibre?

 
Ginger white teaTé blanco de pomelo y jengibre

Esté delicioso té nos calentará por dentro mientras refuerza nuestro sistema inmune.

Ingredientes para un litro

  • 1 litro de agua
  • 4 cucharaditas de té blanco
  • Medio pomelo rosa
  • 10 g de raíz de jengibre fresca
  • Stevia al gusto (o sirope de agave)

 

  1. Pelamos el pomelo rosa  sin coger nada de su parte blanca y lo cortamos en tiritas muy finas.
  2. Exprimimos el pomelo restante y reservamos su zumo.
  3. Hervimos en un litro de agua la raíz de jengibre rallada durante 5 minutos.
  4. Sacamos del fuego y dejamos reposar junto con el té blanco otros 5 minutos.
  5. Colamos el té, lo endulzamos a nuestro gusto y le añadimos el zumo de pomelo con una cucharada de tiras de su piel.

 

 

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