papaPocos podrían imaginarse lo que sería de nuestro recetario sin la presencia de la patata. Algo sorprendente si recordamos que entró en nuestra alimentación hace poco más de 200 años. Originaria de la cordillera andina, las primeras plantas llegadas a mediados del siglo XVI tuvieron muchos problemas para ser cultivadas por las diferencias climáticas entre nuestro continente y el americano. De hecho las variedades europeas actuales son el resultado de una selección muy lenta de ciertas plantas silvestres que poco tiene que poco tiene que ver con los primeros ejemplares traídos de América. En la actualidad su cultivo es uno de los más extendidos del mundo, llegando a ser el cuarto alimento más consumido del planeta. Pero no sólo fue su implantación agrícola la que sufrió dificultades. La relación de la patata con nuestro continente desde sus inicios tuvo momentos de lo más tormentosos al ser rechazada por considerarse un alimento inferior e incluso “maléfico”. Han tenido que pasar casi dos siglos para que su consumo se extendiera por todos los habitantes de Europa y no sólo entre las clases más bajas. Pero lo que en un principio fue rechazo se convirtió en pasión y en poco tiempo pasó a ser uno de los puntales de la mayor parte de las gastronomías europeas.

 ¡Vivan las patatas! Historia y propiedades

La nutritiva patata

potatoes varietySi analizamos el contenido nutritivo de una patata comprobaremos que no es casualidad que estas hayan sido el sustento de muchas culturas en tantos periodos de hambrunas y guerras. Ese fue el caso de países como Rusia donde las clases más bajas pudieron sobrevivir los periodos más duros de su historia alimentándose casi exclusivamente de este tubérculo, y donde a modo de gratitud le han erigido un monumento en la provincia de Siberia. Y es que estos humildes tubérculos aportan a la dieta un poco de todo, empezando por su gran contenido de hidratos de carbono, que constituyen una de las principales fuentes de azúcares de asimilación lenta del mundo vegetal y que aportan toda la energía que el cuerpo necesita para funcionar más que correctamente. Y aquí conviene corregir una falsa creencia popular ligada a su valor energético, ya que la patata con sus cerca de 80 calorías y 0,1 gramos de grasas por 100 gramos, demuestra su carácter hipocalórico. Lo que engorda es el aceite que absorbe cuando la freímos o las pesadas salsas con las que a veces se la acompaña. Es más, por su fácil digestión, riqueza en fibras y la gran sensación de saciedad que provoca es de lo más recomendable para ser incluida en dietas de adelgazamiento.

También hay que mencionar su contenido en proteínas asimilables que supera la de la mayoría de los vegetales, pero como gran parte de estas, así como otros nutrientes, se encuentran en la zona justo debajo de la piel es conveniente usar un pelador de verduras al pelarlas o si se trata de una patata biológica, comerlas con su piel para aprovecharlas mejor. Con respecto a sus vitaminas tenemos que destacar su contenido en vitamina C, que con una ración de entre 200 y 300 gramos puede satisfacer la mitad de las necesidades diarias de un adulto en este micronutriente. Aunque si queremos preservar el máximo de esta delicada vitamina conviene utilizar métodos de cocción suaves como la cocción al vapor. Y no es esta la única vitamina que atesora la patata, ya que en su larga lista encontramos vitaminas B1, B2, B3, B6, B9 y en el caso de las variedades de carne amarilla vitamina A. En cuanto a sus minerales sobresale su potasio, su hierro y magnesio, entre otros. Hay que recordar que las tan populares patatas chips, por sus agresivos métodos de cocinado, carecen todos estos valiosos nutrientes. La patata además contiene un alcaloide llamado solanina, muy tóxico pero que se destruye con el cocinado. Por eso es muy importante evitar comer patatas crudas o descartar aquellas con manchas verdes, signo de falta de maduración y que suelen contener más solanina. Otro caso para moderar su ingesta es si por sufrir de problemas renales, tenemos limitado la ingesta de potasio. Un truco para facilitarles el consumo de patata a estas personas, que eliminaría gran parte de este mineral, y desgraciadamente de otros, sería dejar las patatas cortadas y en remojo durante unas 12 horas, cambiando el agua 2 o 3 veces entre medias, antes de consumirlas.

 

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